La feminidad como criterio de evaluación y detonante de violencia

img_6923¿Como viven la violencia política las mujeres?

El 24 de Octubre recibí premio por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en el primer concurso de Ensayo Nacional e Internacional sobre la participación política de las mujeres.

Les dejo el ensayo, esperando sea de su agrado, (son 17 páginas así que advertidas/os están) opiniones bienvenidas 🙂

La violencia política contra las mujeres la encontramos en diversas presentaciones, desde la burla sutil hasta el asesinato. Pero este ensayo abordará las manifestaciones de violencia que tienen su origen en la evaluación que se hace a la mujer en relación a su apego o desapego a los estándares de feminidad, ¿Qué papel juegan el aspecto físico, la normalización y negación de la violencia, y los estereotipos de género en la percepción que se tiene de las mujeres en la vida política?

Para las elecciones en Sonora a la gubernatura 2016 – 2021 contendió (y ganó, siendo actualmente la única gobernadora mujer en México) la Lic. Claudia Pavlovich Arellano, contra candidatos hombres. Desde el “destape” de las candidaturas, los comentarios sexistas no se hicieron esperar. Y no me refiero a las lonas que se expusieron en Hermosillo[1], sino a la multiplicidad de chistes, memes, y comentarios de la prensa, la gente y hasta los candidatos opositores, que pasaban de la burla hasta la crítica más hiriente, todo ello, en relación a las supuestas cirugías y botox en su rostro. Pero eso no era todo, había quienes vaticinaban un desempeño deficiente en razón de ello, “como alguien que se opera tanto podría ser honesta”, vaya, no solo hacían críticas ofensivas de su físico, también la catalogaban de hipócrita en razón de ello.

Por como percibían su cara, evaluaban toda su campaña, llegando a conclusiones que no habría logrado ni el mismísimo Lombroso. Mientras tanto, ninguno de los rostros de los candidatos hombres era sometido a evaluación.

En 2013 causó revuelo la fotografía de la diputada Crystal Tovar de Aragón usando minifalda en la Cámara de diputados (cámara que ya desde su nombre, discrimina), recibiendo críticas que se vertieron en los medios de comunicación y redes.

“Efectivamente, soy diputada federal joven nacida en Chihuahua, entidad federativa en la que son asesinadas miles de mujeres tan solo por su apariencia o su forma de vestir[2] fue parte de la respuesta de la diputada en una carta dirigida al portal Yahoo noticias México.

Los medios suelen nombrarla como “la diputada de la minifalda”, como si no tuviera nombre. Incluso, como refuerzo de esa forma sexista que hay de evaluar a la mujer en razón de su aspecto, una de las noticias[3] adiciona la encuesta: “Califica el desempeño de este personaje a partir de esta nota” cuando la nota lleva el título “San Lázaro cierra filas con la diputada de la minifalda”. ¿por qué tendría que evaluarse el desempeño de la diputada si la nota solo habla del tema de la minifalda? ¿es acaso un criterio suficiente para evaluar el desempeño de alguien? Dicha encuesta no aparece en noticias que hablen de diputados.

Hablar del físico y forma de vestir de las mujeres en la política no es un fenómeno exclusivo de México. “De Clinton se han escrito artículos describiendo su escote (en el Washington Post), el color de sus chaquetas (Fox News), especulando sobre si ha usado bótox (la radio KSFO)” (De Nieves, 2016)

De Angela Merkel, “¿En cuántas semblanzas de la canciller alemana se ha recordado que tiene 70 chaquetas del mismo modelo en otros tantos colores, para lucir con pantalones oscuros?” (De Nieves, 2016)

Cuando la persona en política es mujer, el físico no solo estará en constante observación, y el público listo para hacer cualquier comentario sobre lo bien o mal que les parece, incluyendo en esto la edad, forma de vestir, andar, y mostrarse en público; aunado a ello, el resultado de este escrutinio definirá a esa mujer. Y si eso no es ya suficientemente sexista, es importante adicionar que dicho resultado, sea cual sea, será siempre en detrimento de ella. ¿A qué me refiero?

Si eres atractiva, se asume que el puesto deviene de algún favor sexual, y ese atractivo generará acoso de todo tipo, desde comentarios obscenos, miradas inapropiadas y constantes, propuestas sexuales, descalificativos de tu trabajo u opinión (ya que se asume que no sabes nada), piropos, múltiples opiniones sobre tu forma de vestir (unos criticando, otros apoyando, como si no fuese incorrecto que se haya convertido en tema de debate, en primer lugar), y a eso hay que sumar el constante “estarse cuidando” de no dar lugar a “malas interpretaciones” al momento de dirigirte a los compañeros, de tal manera que no crean que los estas seduciendo, como si el hecho de que un hombre se sienta atraído fuera responsabilidad de la mujer.

En el ensayo Hacer malabares: mujeres públicas colombianas en cargos políticos y los obstáculos que enfrentan al abrirse camino, de Catalina Ruiz Navarro (2014), se confirma lo anterior:

Sin embargo, Lozano también observa que la belleza juega un papel fundamental para maltratar, dominar y poseer a las mujeres. “Éramos 20 alcaldesas de Bogotá. Había dos muy bonitas y atractivas. Sobre una hubo una apuesta entre ediles: ¿cuál se la “come” primero? La otra, en entrevistas de radio de cadenas pequeñas, de barrio, fue tema indagar por su ex marido, separación y por qué tan sola si es tan bonita… Claramente hubo mucha presión, se separó estando en el cargo. La primera terminó siendo ’novia trofeo’ de uno de los grandes involucrados en el cartel de la contratación, y al parecer testaferro de bienes. Viendo a esas dos colegas vi lo que viven las mujeres muy bonitas.”

Por otra parte, si la mujer no responde a los estándares de belleza, o simplemente no se aprueba la forma en la que te presentas ante el mundo, ese calificativo te acompañará durante toda tu gestión y será motivo de burlas.

La edad es un factor que, sea cual sea, se percibirá en contra de la mujer. Si la mujer es joven, volviendo al punto, obtuvo el puesto por favores sexuales. Si es adulta, las hormonas serán la medida de todas las cosas.

En abril de este año, la revista Istoé publicó en su portada a Dilma Rousseff con el rostro desencajado junto al texto: “Las explosiones nerviosas de la presidenta[4]”. En el contenido, se afirmaba que “Su manera temperamental de lidiar con los problemas no es nueva, pero se ha agravado en las últimas semanas”. La palabra “temperamental” y la palabra “agravado” dan en conjunto el sobrentendido sexista: la menopausia, las hormonas actuando.

Mucho se habla de la menopausia y sus efectos en la política (nunca de la andropausia). Las hormonas son determinantes al momento de hacer una crítica a una mujer política: si la mujer sube la voz, está en “esos días”, si se enfada, es porque “no le dan” como si intimar con un hombre fuese la pastilla de la felicidad, o, mejor dicho, como si la felicidad de una mujer girara en torno a su relación con los hombres. No puede enojarse una mujer porque algo en el exterior es molesto, no, el problema está en ella y sus hormonas. Esa interpretación nadie la hace cuando el molesto es un hombre.

En el ensayo Mujeres contra los fantasmas del patriarcado, de Gloria Marisela Morán (2014) se narra cómo en 2010, cuando diversas organizaciones lideradas por mujeres propusieron la no participación de cachiporristas en los desfiles alusivos a la celebración de la independencia de El Salvador, se les criticó: ‘esas tres qué se creyeron, ¿las tres fantásticas? no son nada’. Una de ellas afirma que no faltaron las menciones de carácter sexual, aludiendo que “quizás marido nos faltaba y por eso hablábamos de más”.

Pero no hay edad “correcta” porque si la mujer es adulta mayor, ya no se le considera en condiciones de ejercer.

Muestra de ello es el testimonio de María Isabel Rodríguez, cuando se lanzó a la candidatura para repetir su gestión como rectora de la Universidad de El Salvador, plasmado en el ensayo Mujeres contra los fantasmas del patriarcado, de Gloria Marisela Morán (2014): “Lo peor del caso es que me tuvieron que repetir que yo era vieja, pese a que ya habían visto mi trabajo en el periodo anterior, era una descalificación espantosa, durísima, pero no les hice caso (…) Yo pienso que eso de mujer vieja es un calificativo que ahorita lo están usando; a veces va implícito el sentido de incapacidad, por la edad, pero la verdad que no descalifican a los hombres viejos”

 

El físico y edad de una mujer no solo determina la opinión pública y el actuar de los medios, también influirá en la relación que ella tenga con sus compañeros, pares, superiores y subordinados.

Recuerdo que cuando tenía veinticinco años de edad, y dos en el servicio público, nombraron a un maestro que me dio clases en la universidad como Director de X instancia gubernamental. Para esto debo mencionar que este maestro me inspiraba un gran respeto y admiración, ya que era un señor muy estudiado y de gran carrera política. Cuando supe de su nombramiento, no tardé en acudir a su oficina y felicitarlo, además de proponerle un trabajo conjunto sobre un proyecto de difusión de derechos humanos que ya llevaba tiempo tratando de impulsar, en el cual cada uno con su respectiva incidencia en gobierno podía contribuir; en pocas palabras, le llevé una propuesta de trabajo en equipo.

Me fui muy motivada de esa reunión ante la afirmativa de quién era no solo un viejo conocido, era mi compañero de trabajo. La felicidad sin embargo fue efímera, pues al poco tiempo empezaron las insinuaciones y comentarios de carácter sexual.  Yo, con mi poca experiencia laboral, no entendía (ni es que lo entienda del todo al día de hoy) como una persona que había sido mi maestro y que parecía tan profesional, con quién nunca había tenido un acercamiento que no fuese académico, pudiera hacer una interpretación de ese tipo. Eso sin adicionar que me doblaba la edad y tenía años de matrimonio, lo que, en mi novato punto de vista, eran elementos suficientes para bajar la guardia. Pero incluso en esa situación, recuerdo lo mucho que “repasé” mentalmente lo sucedido para revisar si en alguna ocasión había hecho algo que pudiera malinterpretarse. Porque, sin percatarme, estaba culpándome de lo sucedido, ¿Qué habré hecho mal?

Ya lo dice la diputada Claudia Garmendia en el testimonio citado en el ensayo “El acoso: un fantasma visible para las mujeres políticas hondureñas” de Iris Mencía (2014): “los hombres piensan o creen que las mujeres llegamos por favores sexuales. Una imagen femenina, exitosa, -en sus cabezas- se relaciona con ese tipo de ideas”

Y el problema está no solo en lo que se crea de la mujer, sino el actuar en consecuencia de esa creencia.

Las negociaciones políticas suelen darse en ambientes masculinos donde la mujer no tiene cabida. En un testimonio recabado en el ensayo antes referido de Morán (2014) se confirma lo anterior: “El individuo que comparte el trago, o la actividad de lo que se llama ‘actividad de hombres’ es la que estrecha vínculos con el presidente y gana favores. Pero las mujeres tenemos desventajas en eso, porque cuando termina la actividad son muy pocas las mujeres que se quedan después.

Pero fíjese que si yo fuera joven, peor, lo verían mal (…) cuando la mujer es joven la relación entre hombre y mujer siempre se ve con morbo”.

El vínculo que se da entre hombres no es el mismo que el que una mujer puede entablar con hombres (que al final, son quienes en su mayoría ocupan los puestos de poder).

Pares hombres me han comentado como las negociaciones importantes se les han presentado en el juego de golf, el bar, y otros ambientes de “camaradería” masculina. Si una mujer se lanza a participar en ellos, es más factible que se interprete como una insinuación sexual que otra cosa.

En el ensayo En Guatemala no se meta en problemas de hombres. No se meta en política, de Mirja Valdés (2014) se narra la siguiente experiencia: “Apenas puse un pie en el salón, dos concejales empezaron a tomarme fotos con su celular, no advertí nada malo, creí que era normal”, recuerda Sharol Ivonn Morales, de 28 años, psicóloga industrial y actual concejal suplente segunda de la Municipalidad de Villa Nueva, Guatemala. Fotografiaron su rostro, su cuerpo entero, y su firma en el libro de asistencia. “También me tomaron video con el celular”. Minutos después el concejal suplente primero llegó, y, contrario a ella, pasó inadvertido: se sentó, escuchó, y firmó el acta de asistencia. “Le pregunté en voz baja si le habían hecho lo mismo que a mí en su primera reunión y su respuesta fue no. ‘Están bromeando’, pensé, “porque uno de los dos concejales era de mi partido, no había por qué desconfiar”. Al empezar la reunión, Morales fue objeto de la primera agresión: “Quiero preguntarle a la señorita… bueno, si es que es señorita porque a mí no me consta, ¿qué hace aquí?, ¿está acreditada?”

No hay conferencia que me haya tocado impartir en la que, cuando surge el tema de la paridad, las preguntas no vengan emparejadas de un cuestionamiento sobre capacidades, ¿pero estas mujeres, van a estar acreditadas para el puesto?. Ahora la sociedad se preocupa de que las mujeres antes de tomar el puesto, demuestren sus capacidades. Como si todos estos años México hubiera vivido una política intachable, claro, ahora que entran las mujeres en paridad, no nos vallan a arruinar la inmaculada historia política de nuestro país.

Las mujeres tenemos el doble de problemas en la vida política; los que origina la política por sí misma, y los que surgen de ser mujeres en la política; “en la disminución de salarios, en las insinuaciones ‘coquetas’, y en la búsqueda de favores sexuales que se suponen como trampolines en el avance hacia las cimas del poder. Hay acoso en la exclusión de las comisiones legislativas, en el nombramiento de cargos, en los dichos comunes de subestimación. También existe en las redes sociales, y en las notas de los periódicos donde la belleza física está por encima de la formación y el estudio.” (Mencía 2014).

En la política, como en muchos otros ámbitos, no se califica a un hombre como se califica a la mujer. Tampoco se les describe de la misma manera.

En septiembre de 2003, la revista Proceso emitió su número 1404, con el encabezado “Juegos de poder”, el cual muestra los perfiles muy serios de Carlos Salinas de Gortari, Carlos Slim, y Andrés Manuel López Obrador. Tres hombres relevantes en el ejercicio del poder. En octubre del mismo año, la revisa Proceso emite su número 1406, el cual muestra a Rosario Robles, Elba Esther Gordillo, y Marta Sahagún, tres mujeres relevantes en el ejercicio del poder. Sin embargo, ellas salen riéndose en fotos tomadas infraganti. El encabezado de la revisa dice: “El argüende”. Ellos juegan al poder, ellas tienen un argüende. Lo de ellos es algo serio, lo de ellas un chiste. Reforzando lo anterior, el siguiente número tuvo el encabezado: “El shopping de Martha[5]”.

 portadas

Virginie Despentes (2007), en su controversial libro Teoría King Kong, explica como no solo hay violencia, también hay una especie de ordenanza para callar sobre esta violencia “cuando te vuelves una chica pública, te dan palos por todos lados, de una manera muy particular. Pero no hay que quejarse porque está mal visto. Hay que tener buen humor, tomárselo con distancia

Históricamente la feminidad se ha definido como debilidad, y las mujeres que entran a la política saben que, ante la menor queja, se criticará su templanza y, peor aún, su efectividad como mujeres en el ejercicio del poder.

“Las mujeres no hacen denuncias por los ataques verbales pues se percibe como una forma de debilidad. Tampoco se combaten desigualdades laborales que las obligan a trabajar 3 jornadas y a poner en riesgo su vida emocional y familiar.” (Ruiz Navarro, 2014).

Y la queja no tiene cabida porque la violencia se ha normalizado, porque la participación de la mujer se comprende cuando ejercen como subalternas, pero no como pares, menos aún como jefas; hacer trabajo operativo pero no opinar, ellos corrigen y ellas acatan. Ese se entiende como el orden “natural” de las cosas.

Las mujeres en la vida política no reconocen en la mayoría de los casos la violencia y cuando la detectan, la callan, porque la queja de una mujer se interpreta como signo de debilidad, o de exageración.

Despentes (2007, 103) afirma “nuestra cualidad primordial sigue siendo ser agradables

A Dilma Rousseff la han llamado “Mandona, rígida, altiva, orgullosa y engreída” (…) pero no la han criticado sólo por su carácter, sino también por su falta de feminidad y su gusto por ropa poco favorecedora y de corte masculino” (De Nieves, 2016).

No tiene el don del liderazgo, es “mandona”, no tienen un criterio sólido, es “rígida”, no es segura de sí misma, es “orgullosa y engreída”.

Pero encima de todo, se habla de su “falta de feminidad”.

Al final, pareciera que por ser una mujer en la política lo primero que debe ser evaluado es que tanto embonas en el concepto colectivo de mujer. La feminidad de acuerdo a Despentes (2007, 106) se ha asumido como “el arte de ser servil. Podemos llamarlo seducción y hacer de ello un asunto de glamour. Pero en pocos casos se trata de un deporte de alto nivel. En general, se trata simplemente de acostumbrarse a comportarse como alguien inferior. Entrar en una habitación, mirar a ver si hay hombres, querer gustarles. No hablar demasiado alto. No expresarse en un tono demasiado categórico. No sentarse con las piernas abiertas. No expresarse en un tono autoritario. No hablar de dinero. No ser demasiado graciosa. Gustar a los hombres es un arte complicado, que exige que borremos todo aquello que tiene que ver con el dominio de la potencia”.

Y prosigue hablando sobre como el tener seguridad se percibe como privilegio de los hombres: “estar acomplejada, he aquí algo femenino. Eclipsada. Escuchar bien lo que te dicen. No brillar por tu inteligencia”.

Andar como te dé la gana: viril. Querer follar con mucha gente: viril. Responder con brutalidad a algo que te amenaza: viril. No perder el tiempo en arreglarse por las mañanas: viril. Llevar ropa práctica: viril. (…) todo lo que hace que ganes terreno es viril. Esto no ha cambiado tanto en cuarenta años”.

Se habla tanto del aspecto, forma de hablar y de lucir de las mujeres en la política, que incluso hasta el más mínimo atisbo de quedar fuera del cuadro de esta supuesta feminidad es percibido negativamente. El 7 de septiembre de este año, en el debate de los presidenciales de Estados Unidos de América, Reince Priebus, presidente del Comité Nacional republicano, hizo comentarios en twitter sobre Clinton (que fueron secundados en redes sociales), en relación a porque sonríe tan poco durante el debate, afirmando que estaba “a la defensiva, enojada, que se le veía poco cómoda”. ¿Qué razón para reír podría encontrar Clinton cuando se habla de terrorismo, suicidios y seguridad nacional? La seriedad en una mujer interpretada como enojo.

En cambio, se refuerza en la opinión pública el papel de la mujer como esposa de político, en particular si cumple con el estándar de feminidad. Que Juliana Awanda, esposa de Mauricio Macri (presidente de Argentina) salga a pasear, junto a una detallada descripción de su vestimenta y una fotografía de cuerpo completo, es noticia relevante[6]. Al igual que las notas sobre la esposa de Temer (vicepresidente en el mandato de Rousseff y ahora presidente de Brasil), con títulos como “El sensual bellezon de la nueva primera dama brasileña; Marcela Temer, esposa del presidente interino tiene 27 años. Es licenciada en Derecho, pero sólo ha trabajado como recepcionista y ha participado en algunos concursos de belleza[7]”. Es joven y sensual, como deben ser las esposas. Tiene carrera, pero no se preocupen, eso no la hace competir con su esposo, de hecho, “sólo ha trabajado” en asuntos que competen a las mujeres. Grave sería que hubiera litigado, por ejemplo, pero no hay de que angustiarse, ya que estudió por protocolo, como muchas mujeres lo hacen (durante la nota se reitera que nunca ha ejercido, digo, ya había quedado claro). Y de paso, hay que llamar a la primera dama “sensual bellezon”, porque ser esposa del presidente no te exime de inspirar piropos soeces. A esta se suma otro artículo de la revisa Veja, en la cual se le describe como bella, recatada y hogareña, que usa vestidos a la rodilla, y se asevera que es afortunada ya que tiene un marido, un hijo, y una vida “de ensueño”[8]; y estos son solo un par de ejemplos de una larga lista de opiniones que se hacen sobre las esposas de los presidentes. Desde sus vestidos reciclados[9], hasta lo mal que se les pueden ver[10]. Cabe señalar, volviendo a Marcela Temer, que su mención no es una crítica al esquema de mujer “bella, recatada y hogareña”, si es su gusto que así sea, pero es de acentuar lo evidentemente imperioso que resulta para los medios enaltecer ese prototipo frente a las críticas que han vertido sobre la “poca feminidad” de Rousseff. Se evidencia así, esa reiterada y sistemática necesidad de reafirmar el arquetipo de feminidad, que coloca a la mujer en un papel de adjunta, de compañera, nunca de protagonista.

El problema del concepto de feminidad aplicado como margen de apreciación para las mujeres, y en este caso particular, las mujeres en la política, no se limita a truncar su carrera política y sujetarlas a un desgastante e injusto escrutinio. Los efectos van más allá de volverlas el foco de burlas hirientes y subestimaciones infundadas, de colocarlas siempre bajo la lupa más escrupulosa encauzada a detectar la mínima falla, o lo que se interprete como tal, desacreditando a la persona por el hecho de ser mujer.

Esta es una forma de violencia, pero no es la única. En octubre de 2015, Zainab Fatuma Naigaga, mujer parte del partido de la oposición en Uganda, fue detenida junto a sus colegas masculinos mientras se dirigían a una reunión política. Los hombres del grupo fueron separados de ella, mientras que Naigaga, la única mujer en el convoy, fue agredida por la policía y fue desnudada en público. En Bolivia, la concejala Juana Quispe fue presionada a renunciar después de ayudar a sus colegas a presentar quejas de acoso. Cuando se negó, otros miembros del consejo la bloqueaban para acudir a las sesiones y fue suspendida de su cargo, el que recuperó después de una batalla legal. Pero un mes más tarde su cuerpo fue hallado cerca de un río en La Paz. Había sido estrangulada. Aunque el caso no ha sido resuelto, los observadores cercanos de la región dijeron que estaba claro que el asesinato fue por motivos políticos[11].

Es evidente que tanto en nuestro país como en muchas partes del mundo existe un clima de hostilidad que convierte a las personas políticas en foco de agresiones, pero sobre las mujeres en la política existe una evidente persecución y hostilidad motivada por razones de género. La participación de las mujeres es importante porque si en los cargos públicos están nuestros representantes, ¿Dónde queda la representatividad de la mitad de la población del mundo?.

Decía Hannah Arendt, la pluralidad es la ley de la tierra. Poco se cuestiona sobre la composición mayoritariamente masculina de instituciones y gobiernos, pero que se responda: ¿Dónde quedan las necesidades que se han pasado por alto a través de décadas porque no hay quién abandere dichas causas? En un mundo que se ha normado por un margen androcéntrico que ha delimitado durante años los conceptos del bien y el mal, que afirma saber lo que es importante y lo que es irrelevante, es más que nunca imperante que surjan voces a cuestionar lo establecido y hagan evidente lo que perpetuamente se ha buscado invisibilizar.

Las dificultades particulares que enfrentan las mujeres, ¿quién las precede al día de hoy? ¿Quiénes de nuestros representantes simplemente las conciben como reales? No se puede defender lo que no se conoce ni se busca conocer. Menos en un sistema que avala la indiferencia hacia un grupo poblacional que no se le ha permitido hacer uso de la voz.

Los derechos que al día de hoy tenemos las mujeres no surgieron en un ambiente de política respetuosa, en espacios pacíficos, en plataformas de verdadero análisis donde la diversidad sea la partícipe; los derechos de las mujeres los hemos tenido que tomar por la fuerza a través de años y ha costado, ha tenido un saldo en sufrimientos, vejaciones y muertes. Quién afirme que ese es el transitar natural de la lucha de los derechos se equivoca, incluso cuando en las guerras se logró adquirir derechos, quienes los establecieron lo hicieron menospreciando los derechos de las mujeres, incluso fueron ellos quienes pactaron el sometimiento de ellas, solo que en nuevos términos; Olympe de Gouges encontró la intolerancia, la discriminación y la muerte en el marco del triunfo de una revolución que usó la libertad y la igualdad como banderas.

Cientos de mujeres marcharon para que al día de hoy se “tolere” que tengamos acceso a la educación. Pero la educación tiene un sesgo de género terrible que ayuda a perpetuar la desigualdad. Cientos de mujeres sacrificaron su vida para que pudiéramos trabajar, pero el ambiente laboral en el que nos desenvolvemos está plagado de acoso, faltas de oportunidad y reglas androcéntricas en las cuales se nos obliga a embonar. Cientos de mujeres lucharon, con una firmeza increíble, para que al día de hoy pudiéramos votar. Pero el derecho a la participación política de la mujer está siendo sofocado, violentado, víctima de un aborrecimiento que emerge desde la intimidación más sutil hasta la amenaza más brutal, supeditado al escrutinio de una mentalidad que no acepta a la mujer más que en sus propios términos, los cuales son siempre en detrimento de las mujeres.

La violencia política se percibe, lamentablemente, como el precio que deben pagar las mujeres por participar en la política. Como si fuera un castigo por querer incursionar en un mundo que “no les pertenece”. Pero avalar la violencia como moneda de cambio es una aberración, no se tiene que pagar por lo que es nuestro. Participar en la política no es una concesión, es un derecho.

Para concluir, cierro con las palabras que engloban la campaña “Not the cost”, del National Democractic Institute: “Tu dignidad no es el precio, ser golpeada no es el precio, tu seguridad no es el precio, tu vida no es el precio, mi vida no es el precio, la vida de una mujer no es el precio de participar en la política, esta violencia es real y hay que detenerla. No importa donde estas ni como forma participas, creemos que una mujer puede participar en paz y liderar, decidir sobre nuestros impuestos, el medio ambiente, combatir la corrupción, pelear por su comunidad, no por su vida[12].

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Referencias

[1] En abril de 2015 aparecieron unas mantas en Hermosillo Sonora, con las frases “las mujeres como las escopetas, cargadas y en el rincón” y “La panocha en las coyotas, ¡no en palacio!”. Se hace referencia a esta situación en el Protocolo para atender la violencia política contra las mujeres, emitido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en marzo de 2016.

[2] Noticia en Revista Proceso virtual: “Levanta polémica en redes sociales la diputada con la falda mas corta“: http://www.proceso.com.mx/333130/levanta-polemica-en-redes-sociales-la-diputada-con-la-falda-mas-corta

[3] Noticia: “San Lazaro cierra filas con la diputada de la minifalda” del noticiero en línea ADN político, recabada de la página: ttp://www.adnpolitico.com/congreso/2013/02/12/san-lazaro-cierra-filas-con-la-diputada-de-la-minifalda

[4] Revista viritual “Istoé” Portada: “Las explosiones nerviosas de la presidenta”. http://www.jornalopcao.com.br/ultimas-noticias/capa-da-istoe-com-dilma-gera-polemica-e-acusacoes-de-machismo-62764/

[5] Portadas de revista “Proceso”: http://hemeroteca.proceso.com.mx/?page_id=111058&edicion=mexico&page=2003

( 6) Noticia virtual “Juliana Awada salió a pasear por las calles de Nueva York en su tiempo libre; la primera dama acompaña al presidente en su primera participación de una Asamblea General de la ONU”: http://www.lanacion.com.ar/1939935-juliana-awada-nueva-york-paseo

[7] Noticia virtual “El sensual bellezon de la nueva primera dama” http://www.elespanol.com/corazon/20160513/124487870_0.html

[8] Nota virtual “Marcela Temer, bela recatada, e “do lar”: http://veja.abril.com.br/brasil/marcela-temer-bela-recatada-e-do-lar/

[9] Nota virtual “Reciclar outfits: la moda de la nueva realeza y las primeras damas”:  http://www.infobae.com/tendencias/lifestyle/2016/08/13/reciclar-outifts-la-moda-de-la-nueva-realeza-y-las-primeras-damas/

[10] Nota virtual “Fashionistas reprueban vestido de Michelle Obama”: http://mundohispanico.com/entretenimiento/fashionistas-reprueban-vestido-de-michelle-obama

[11] Noticia virtual “A hidden reality: Violence against women in politics” http://edition.cnn.com/2016/03/07/opinions/madelaine-albright-protect-women-in-politics/

Despentes, V. (2007).Teoría King Kong. Barcelona: UHF

Compilación de ensayos “Mujeres muy políticas, mujeres muy públicas” 2014. Editorial Friedrich Ebert Stiftung. Recuperado el 10 Septiembre de 2016 de http://www.fesmedia-latin-america.org/uploads/media/Mujeres_Politicas_2014.pdf

De la cual derivan los ensayos:

Hacer malabares: mujeres públicas colombianas en cargos políticos y los obstáculos que enfrentan al abrirse camino, de Catalina Ruiz Navarro

Mujeres contra los fantasmas del patriarcado, de Gloria Marisela Morán

En Guatemala no se meta en problemas de hombres. No se meta en política, de Mirja Valdés

El acoso: un fantasma visible para las mujeres políticas hondureñas de Iris Mencía

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4 comentarios en “La feminidad como criterio de evaluación y detonante de violencia

  1. Muchas felicidades, espero nos sigas compartiendo de tan brillantes ensayos y documentos. Te envío un cordial saludo reiterandote mis respetos y admiración.

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  2. Terrible, recordé algo que leí hace mucho tiempo de Joan Scott que decía que el espacio público está hecho para el hombre y prohibido para las mujeres, por espacio público también se entiende el servicio público por lo que veo. Yo no sé que tan útiles sean esas medidas de discriminación positiva (como la obligatoriedad de postular mujeres en un 50% de las candidaturas a diputaciones federales), ¿sirven de algo? porque no veo más trabajo de fondo y si veo auto felicitaciones y celebraciones porque se ha “garantizado la igualdad de género” (así dice el comercial si mal no recuerdo)…

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    1. Hola!
      Sirven pero para un objetivo específico: igualdad en porcentajes; es casi imposible la igualdad de participación cuando estos porcentajes no son obligatorios, precisamente por lo expuesto en el texto, sin embargo, es necesario que la práctica de porcentajes esté acompañada de una política de género. En algunos lugares (Nicaragua por ejemplo) las mujeres expresan que no las dejan participar en igualdad en la toma de decisiones. Por ello los porcentajes no son suficientes, aunque si necesarios para el objetivo final.

      Saludos!

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